Edicion-impresa
“El Taytacha es mi Patrón”
El fiscal y los milagros que le concedió el Señor de Los Temblores
“Disolver, disolver temporalmente el congreso…” exclamó Alberto Fujimori por señal abierta a la nación que lo veía con el fondo del mapa del Perú y la banderita nacional. En ese momento comenzó el autogolpe, después Lima fue sitiada por las fuerzas armadas desplazadas en tanquetas amenazantes.
Plazas, avenidas y calles sabían a pólvora y bombas lacrimógenas, el desorden acrecentaba mientras el ex presidente desaparecía la democracia, el estado de derecho y el orden constitucional. Aquel 5 de abril de 1992 marcó la vida de Eduardo Poblete Barberis, sí, el fiscal de prevención del delito de Cusco.
El joven estudiante de derecho de casi dos metros de estatura sufriría al día siguiente el atropello de un Enatru, un descontrolado chofer sobre ese formidable bus, lo atropelló y abandonó a la penumbra de un apagón en la Vía Expresa “la Capital era un atentado” recuerda, como también recuerda el valor que tuvo al levantarse “no tenía mayor complicación”. Dieciocho años después pudo quedar paralítico, si no fuese por la misericordia del Señor de Los Temblores.
Poblete, convertido en abogado, retornó a la tierra que lo vio nacer y casi olvida a “La Gris”. Su experiencia y ganas de fomentar justicia los enfocó en la fiscalía penal de Quispicanchi, hasta que sintió que no podía caminar “tres hernias explotaron, comprometieron la médula y perdí movilidad en las piernas”, cuenta sin dejar de ver las torres de expedientes de su oficina al recordar aquel triste episodio como si fuera ayer.
Al delgado fiscal le dieron solo el 30% de probabilidad para dar pasos después de una operación, intervención a la que se resistió, no flaqueó, hasta ahora. Su madre Doña Marcia lloró tantas veces hasta el Lunes Santo del 2010 al pie del Taytacha, le imploró de rodillas para que el fiscal vuelva a caminar y algo más.
“Mi madre le pidió que me curara y encontrara una buena mujer, milagrosamente en Martes Santo me levanté, comencé a caminar, para mayo ya lo hacía sin bastón y en junio estaba rehabilitado, y ese mismo año me casé”, expresa con tal emoción los prodigios “ningún neurocirujano pudo entender el caso”. El Cristo Moreno desde entonces guía sus pasos “El Taytacha es mi Patrón”, aunque le dio una ligera cojera en la pierna izquierda, a modo de discernir y prevenir cualquier delito o ilícito en su tierra.
Poblete nunca dejó de rezarle al Taytacha como cuando niño lo hacía abandonando Lima con sus padres “antes la bendición la recibíamos de rodillas”, rememora el magistrado por los devotos que apenas llenaban el Waqaypata; pero hoy, después de dos años de pandemia lo hará de pie y evitando que la gente se aglomere para evitar el Covid en la plaza del llanto.
Su opinión fue decisiva. Este año el Patrón Jurado de Cusco no derramará la bendición por las calles del centro histórico que salvó de terremotos y sismos, como la del 31 de marzo de 1650. El fiscal, por la fe que le mantiene a la milagrosa efigie, concordó con otras autoridades cuatro bendiciones cada dos horas. La imagen piadosa del Señor de Los Temblores saldrá al atrio en cuatro ocasiones.
“El pueblo necesita de Dios” destaca el fiscal sobre ese alimento espiritual que tanto ruega la feligresía cusqueña tras las desgracias que atraviesa el país y el mundo; pero deberá ser dividiendo 249 mil fieles en cuatro partes, siendo la última bendición un reto para evitar el colapso.
“La devoción cusqueña al Taytacha es la más grande de Sudamérica y del mundo, el Señor de Los Milagros mueve su gente en un circuito, pero el Taytacha se detiene ante un pueblo”, finaliza.
Artículo publicado en la edición impresa especial por Semana Santa:
















