Cusco

Una mafia acapara los boletos de ingreso a Machupicchu

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Empresarios y autoridades estaban más ocupados en elevar la carga a Machupicchu, mientras funcionarios habrían aprovechado para acapararla venta de boleros. Por otro lado, el Ministerio de Cultura incrementó dos veces la carga a la ciudad inca de Machupicchu de 2,044 a 4,044. Hasta ahora no han mostrado los informes técnicos que avalen el reajuste, porque elevar el aforo pone en riesgo el cuidado del patrimonio.

 

El 18 de julio se oficializó el incremento de la capacidad de carga a la ciudad inca de Machupicchu a 4,044. El aforo subió en 1,000 cupos. Esos nuevos espacios se pusieron a la venta a las diez de la mañana de ese día, pero dos horas después ya se habían agotado.

Una queja emergió bajo la premisa de que los tickets fueron vendidos a pequeños grupos y dejaron de lado a los turistas o pequeñas empresas de turismo que hicieron largas filas en los dos sitios de venta física de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco (DDCC).

Al día siguiente, el 19 de julio, un grupo de turistas nacionales y de pequeños operadores de turismo hicieron un plantón frente al local de la DDCC. “¿Dónde están las 1,000 entradas?”, se preguntaban en las pancartas que portaban los manifestantes. “¡Basta de atropellos al turista nacional y extranjero!”, se leía en otra de las pancartas.

Desde la Dirección de Cultura no negaron que haya habido favorecimiento en forma irregular a ciertos grupos de personas o grupos empresariales del turismo. Mildred Fernández Palomino, titular de la entidad cultural, salió en una conferencia de prensa para confirmar las acusaciones. Dijo que sí había una suerte de mafia que vendía los boletos bajo mecanismos ilegales.

“Tengo información de que hay páginas distintas a las Cultura donde se ofrecen boletos a la llaqta inca. Son páginas que no son oficiales, pero funcionan como intermediarios que reservan entradas y las revenden por precios mucho más elevados”, señaló Fernández.

Por esa razón ordenó a la Oficina de Control Interno el inició de un proceso administrativo que involucra a algunos de sus funcionarios. Se habla de la existencia de pruebas, como depósitos, nombres de intermediarios y otros elementos que también serán enviados a al Ministerio Público.

Horas antes de la conferencia, Fernández cesó de su puesto al jefe del parque arqueológico de Machupicchu, José Bastante.

Sin embargo, la salida de Bastante fue cuestionada por el sector empresarial de Cusco. En un comunicado, el colectivo de gremios formales y organizados del sector privado de turismo de la región dijeron que era una mala señal que Cultura haya cedido a las presiones de personas que se «dedicarían a la venta informal de servicios turísticos”.

“Ceder ante presiones de este tipo no hace más que precarizar la imagen de Cusco y Machupicchu como destino turístico, poniendo en riesgo su desarrollo sostenible y de conservación a mediano y largo plazo”, señalaron enfáticos.

De paso, pidieron una inmediata intervención por parte de la Contraloría General de la República con una auditoría al sistema informático de reservas y venta de boletos de ingreso a la ciudadela de Machupicchu a fin de esclarecer posibles malos manejos y dar solución a tan delicado problema.

El problema de fondo

Sin embargo, la pelea por los boletos de ingreso a la ciudad inca es puramente monetario y deja de lado el asunto de la protección de patrimonio cultural de la nación. Lo que pasa es que, en junio de 2020, el Ministerio de Cultura (Mincul) aprobó que la ciudad inca de Machupicchu solo podía recibir 2,244 turistas diarios. Con esto, Cultura respaldó la propuesta del estudio de capacidad de carga y límites para el Santuario Histórico de Machupicchu.

 

Sin embargo, en septiembre de 2021, el Mincul, previa aprobación y a pedido del Comité de Gestión de Machupicchu (UGM), elevó el aforo a 3,044. Y, en julio, volvió a elevar el número de visitantes diarios a 4,044.

Ni en 2021 ni ahora se han mostrado los informes técnicos que avalen el incremento, lo que deja la impresión de que esos cambios solo se hicieron para satisfacer la demanda del sector turismo. Cuando se puso tope a las visitas se pensó en evitar el deterioro de la maravilla de piedra. Hubo fundamentos técnicos claros y que fueron respaldados por la Unesco.

El afán mercantilizador de Machupicchu

Los empresarios operadores de turismo de Cusco siempre han reclamado el aumento del aforo a la ciudad inca y se olvidan que la obligación del Estado es proteger este patrimonio de la humanidad.

En 2005 se aprobó el Plan Maestro de Santuario Histórico de Machupicchu 2005 – 2010. En ese documento se precisó, por primera vez, que el aforo máximo diario a la ciudad inca debía ser 2,500 visitas diarias y 500 al camino inca. Ese cálculo de la capacidad de carga del monumento se hizo tomando en cuenta la duración de la visita en diferentes circuitos, los cuellos de botella, horarios de visita y un número promedio de 20 integrantes por grupo, entre otros aspectos.

Sin embargo, debido al aumento del flujo de turistas, principalmente extranjeros, y bajo la premisa de que no se podía ahuyentar a los visitantes, no se controló esa cifra. Hubo años -sobre todo a partir del 2007 cuando Machupicchu fue reconocido como nueva maravilla mundial- en los que ingresaron más de 6,000 turistas en un solo día.

En 2015, la consultora cultural Site Research and Management, bajo la dirección de Douglas Comer, realizó el «Estudio de capacidad de carga y límites de cambio aceptable del Santuario Histórico de Machupicchu». Durante el trabajo se evaluó la llaqta inca y su entorno inmediato, así como la red de caminos inka.

Del estudio salió una propuesta que consideraba cuatro alternativas para definir la capacidad de carga. Las dos otras primeras consistían en mantener el modelo vigente de ingresos y, por ende, el aforo no debía superar las 2,244 personas por día, es decir, menos de lo que había fijado el Plan Maestro.

La Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco estuvo implementando este instrumento de gestión, porque fue aprobado por el Mincul con la Resolución Ministerial 173, en el año 2020. No obstante, este aforo no era inmodificable: podía aumentar siempre que se implementaran algunas medidas en la gestión de ingresos y salidas, así como otros aspectos en el manejo del flujo turístico.

La tercera alternativa propone, por ejemplo, aumentar la carga a 4,425 siempre que se establezcan rutas de entrada y salida del área nuclear de la llaqta a través de nuevos senderos como Inkaraqay y Andenes Orientales. Asimismo, proponía disminuir la congestión en la entrada principal a la llaqta e introducir flujos de visitantes por otros puntos. Esta alternativa implica también el establecimiento de boletos temporizados, nuevas áreas de explicación, monitoreos y limitar el acceso a espacios vulnerables.

La cuarta alternativa consiste en implementar nuevos accesos, introducir boletos programados, eliminar puntos de congestión, implementar monitoreo y gestión del flujo de visitantes, establecer nuevas áreas de explicación y proporcionar orientación en un centro de visitantes y a través de proveedores de productos complementarios. Con ello, la capacidad de carga teórica ascendería a 5,940 personas por día.

De estos planteamientos solamente cambió la venta de boletos para áreas específicas y por tiempo determinado. ¿Eso justifica que la carga aprobada en 2020 casi se duplique? El ministro de Cultura, Alejandro Salas, dijo que la sostenibilidad de este incremento estará sujeta a evaluación. “Si vemos que en tres meses la situación no ha funcionado como corresponde, velando por nuestro patrimonio arqueológico, tendremos que retroceder a donde estamos”.

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