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Señor de Huanca

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Por: José Víctor Salcedo


Si la memoria no me falla, la primera vez que hice la caminata al Señor de Huanca era una
noche desteñida. No recuerdo el año, pero era viernes. La Luna estaba plena, pero cubierta
por nubes envidiosas. Había salido de clases de la universidad y, aunque cansado, acepté
acompañar a Wendy, mi hermana, por encima de montañas hasta el santuario Siloe, en las
faldas del Pachatusan.
Dicen que la montaña Pachatusan es la cuña del mundo. Pacha en quechua es Tierra; tusan,
cuña. Dicen que si la montaña se derrumbara, la Tierra rodaría y empezaría su final. La cima se
encuentra a 5 mil metros de altura. Aquella noche caminé por la montaña y sentí que estaba
más cerca del cielo que de la tierra.
Nunca, hasta ese día, había caminado por fe o en busca de alguna fe que me habitara. Y claro,
toda búsqueda tiene cosas buenas y malas. La primera vez acabé con el tobillo adolorido y
morado. Me quemé en los ambientes donde se encendían velas con agradecimientos y
pedidos. Cientos de velas encendidas le daban al lugar un aire infernal. Al colocar la cera en los
portavelas, me acerqué demasiado a las otras velas. La polera sintética que llevaba puesta
empezó a arder. Asustado, traté de apagar el fuego con la mano. El poliéster se convirtió en un
líquido viscoso con el fuego y se pegaba a todo lo que toca. Sentí la quemazón en la mano;
tuve quemaduras.
«Viniste sin fe, viniste con mal humor. El Señor te ha castigado», dijo mi hermana.
Estaba malhumorado y con ardor en las manos. No podía concebir un Dios rencoroso,
castigador, disciplinador. Características más bien humanas. Yo buscaba un Dios bondadoso,
comprensivo, protector, uno que me devolviera las esperanzas en mí, en el mundo y en los
hombres. Muchos años después lo encontré. Más tarde también entendí que los hombres
buscamos alguna explicación divina a todo lo que nos pasa. Y, en esa búsqueda, solemos
movernos en un binarismo sin sentido: condena y bendición, el bien y el mal, buenos y malos,
devoto y ateo, bondadoso y blasfemo, milagro y castigo. Pensaba que la noción que engendró
la extirpación de idolatrías todavía estaba entre nosotros. Que no nos gustan los matices,
cuando la vida está hecha de matices y no tanto de certezas. O eso pensaba.


Muchos años después, vuelvo a peregrinar. Un viernes y, nuevamente, con Luna plena. Las
nubes no estorban en el cielo. Estoy en la plaza de San Jerónimo, Cusco, a trece kilómetros del
santuario Siloe. Antes, en la plaza, había miles de personas; ahora, no veo más de doscientas.
Compro una linterna, chocolates, caramelos, agua, paraguas —por si acaso—. Me pongo en
marcha. En las primeras cuadras del recorrido no veo a ninguna persona. Encontrarse solo en
una peregrinación que antes era masiva es desolador. Te sientes el hombre más solo del
universo y tienes miedo. Podrías volver a casa y descansar a placer en el calor del hogar, pero
no es una opción.

Llego a la carretera que asciende por el bosque de eucaliptos hacia la comunidad de Huaccoto,
en la cima de la montaña. Llegar en seis horas al Señor de Huanca es el reto que me impongo.
A la mitad de la montaña, en medio del silencio, encuentro a dos mujeres.
María y su hija, Celina (11), suben la montaña. Sus pasos son acompasados y lentos al mismo
tiempo.
«¿Va solo, joven?», pregunta María.
Pienso que no sería mala idea responder que no, que ando acompañado, solo que ellas no
pueden ver a mi acompañante. Desisto porque sé que sonaría faltoso y petulante.
«Sí, voy solo», digo finalmente.
No sé si por miedo u otra razón que desconozco, decido unirme a las dos caminantes.
Celina escucha a Pedro Suárez-Vértiz y a Los Fabulosos Cadillacs. «Me gusta el rock», comenta.
María interrumpe y recuerda cuando era joven y hacía el recorrido en cuatro horas, primero, y
en seis horas, después. Hubo años —cuenta con cierta nostalgia— en que iba al santuario con
Celina cargada a la espalda.
«Ahora ya no puedo hacer lo mismo. Los años pesan mucho», dice María. Se queda quieta,
respira y vuelve a hablar. Cuenta que el Señor de Huanca, médico de los pobres, la ha salvado
dos veces. La primera vez, una explosión de gas destruyó el lugar donde trabajaba. Ella quedó
con el ochenta por ciento del cuerpo quemado. Estaba en coma. La habían desahuciado. Un
familiar llevó al hospital una imagen del Señor de Huanca. María rogó que la salvara; dos
pequeñas la necesitaban. Dos meses después fue dada de alta.
La segunda vez, estaba resfriada, con dolor de cabeza y el cuerpo destrozado. Hizo el recorrido
enferma y sola. No había llevado comida ni agua. A media montaña sintió que moriría. En
aquel momento, un niño apareció y le ofreció mate caliente. Bebió y, a los minutos, había
mejorado. Quiso agradecer, pero el niño ya no estaba. Siguió caminando hasta que llegó al
punto de descenso y sintió que perdía fuerzas. El niño volvió a aparecer y le ofreció chuño
cocido. Comió y recuperó las fuerzas. ¿Y el niño? Volvió a desaparecer. Llegó al santuario y
estaba curada.
«Entiendo», le digo, aunque quería comentar que tenía dudas sobre la veracidad de lo que
estaba contando.
Esta vez María sufre por la retención de líquidos. Sus riñones no funcionan bien. No filtran
adecuadamente el exceso de líquido y electrolitos del cuerpo. María espera que el Señor la
cure por tercera vez.
Han pasado cuatro horas de caminar y caminar. Celina se queja del cansancio y, a cada paso,
pregunta cuánto falta para llegar. “Mejor no preguntes tanto, si lo sigue haciendo te parece
interminable”, recomienda María.
La Luna ha pasado a descansar detrás de las montañas. Miro el cielo. Encuentro tres estrellas
brillantes en línea recta; detrás de ellas, otras dos; y delante, otras dos más. A un costado se ve
a un grupo de estrellitas que completan el cuadro. ¿Sabes qué Constelación es?, pregunto a
Celina. “No lo sé”, responde.
Orión se ve con nitidez. Asemeja a un cazador o a un guerrero. Las tres estrellas alineadas
constituyen el Cinturón de Orión; la dos de atrás, Betelgeuse y Bellatrix, serían los hombros; las otras dos, Rigel y Saiph, las piernas o pies del cazador; y el conjunto de estrellitas sería la
espada de Orión.
Celina está tan cansada que me ignora. Es como si no le importara lo que le digo. Seis horas de
caminata sin descanso agotan a cualquiera. La oscuridad impide ver el camino. Quiero
despedirme y acelerar el paso, pero María no tiene linterna. Me quedo. Las guío con la luz
hasta el amanecer. Me alejo de ellas cuando llega el día. Desaparezco. Desciendo al santuario
del Señor de Huanca. Pienso que quizás algún día María contará que una vez no tenía linterna,
y apareció un joven que la acompañó, a ella y a su hija, y luego desapareció.

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Pobladores y colonos de Megantoni van a paro indefinido contra TGP por daños ambientales y personales no atendidos

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• Comunidades del Bajo Urubamba exigen respuestas tras la emergencia del 1 de marzo en el gasoducto de Camisea.

Pobladores, colonos y dirigentes del Bajo Urubamba se movilizan hacia la comunidad nativa de Camisea, en el distrito de Megantoni. Buscan iniciar un paro indefinido. Reclaman la falta de atención de las autoridades y de las empresas que operan el gas de Camisea.
La protesta apunta a Transportadora de Gas del Perú (TGP). Las comunidades denuncian que la empresa no atendió a los afectados por la deflagración del ducto. El hecho dejó a medio país sin gas por varios días y elevó el costo de la gasolina y la electricidad.
La medida fue anunciada con anticipación. Desde el 1 de marzo, cuando ocurrió la emergencia en el KP 43 del gasoducto, los pobladores sostienen que no se tomaron acciones para contener la contaminación ni para atender a los afectados.
El incidente ocurrió en el sistema de transporte de gas de TGP y generó impactos ambientales y sociales en la zona. Las comunidades esperaban respuestas en una reunión convocada para el 26 de marzo con la Presidencia del Consejo de Ministros del Perú (PCM). La cita se reprogramó. Desde entonces, no hay nueva fecha ni avances en el diálogo.
Ante ese escenario, autoridades locales, organizaciones indígenas, colonos y jefes comunales decidieron iniciar el paro desde hoy. Los dirigentes dicen que no solo buscan esclarecer lo ocurrido. También exigen que se prioricen los intereses de la población local frente a la explotación de recursos naturales. “Mientras millones de soles se generan por el gas, nuestras comunidades siguen esperando respuestas”, señalaron.
Tras el anuncio, según los pobladores, un helicóptero trasladó a decenas de policías al sector Túpac Amaru. El objetivo sería reforzar la seguridad de las instalaciones y del ducto.
En Megantoni, todavía esperan que el Gobierno y las empresas abran un diálogo real en los próximos días. Si no ocurre, el conflicto puede escalar en una de las zonas clave para la producción de gas.

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Hospital Antonio Lorena de Cusco supera el 90% de avance y su entrega se ratifica para junio

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La culminación del Hospital Antonio Lorena de Cusco presenta un avance superior al 90%, informó el gerente regional de Salud, Jorge Farfán Ochoa, quien destacó que «debe cumplirse» la entrega del nosocomio en junio de este año.
“Estamos a más del 90%. Ya se encuentran en el proceso de instalación de los últimos equipos y en la etapa de capacitación. El presupuesto para el personal se terminará de definir el 24 de abril para que, a través de una demanda adicional, se asignen los recursos respectivos”, declaró el funcionario.
Agregó que el gobernador ha realizado las coordinaciones pertinentes con el nivel nacional y que están “únicamente a la espera de que las precisiones en el plan de operatividad culminen” este 24 de abril; a partir de esa fecha, iniciarán las gestiones presupuestales.
En cuanto al anuncio de entrega del hospital para junio, el gerente indicó que “debe cumplirse” con dicha fecha, pues es “el deseo que tenemos todos”, y subrayó que la gestión trabaja intensamente en la siguiente fase: la puesta en funcionamiento.
Finalmente, sobre los pagos pendientes a la empresa constructora, afirmó desconocer los detalles técnicos, pero aseguró que dicho presupuesto ya está garantizado. Reiteró que su gerencia está enfocada exclusivamente en la operatividad del centro de salud.

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Autoridades suspendieron reconstrucción de los hechos que buscaba esclarecer la forma como fue asesinada la escolar de 12 años en Anta

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La familia y ciudadanos de la provincia de Anta exigen justicia y cadena perpetua para Jesús Arriaga Huamán (25), “colectivero” acusado de secuestrar y asesinar a la niña A.L.P.CH. (12), después de ofrecerle el servicio de traslado en su minivan.
La mañana de este miércoles 15 de abril se tenía previsto la reconstrucción de los hechos en la vivienda del investigado, ubicado en la comunidad de Haparquilla, sector Santa María; pero la diligencia, por medidas de seguridad, se suspendió.
Sin embargo, los familiares y vecinos de la escolar se asomaron de forma pacífica, para exigir justicia tras las investigaciones y que Arriaga Huamán sea encarcelado de por vida.
Un oficial de la Policía Nacional conversó con ellos, les explicó el protocolo ante una desaparición, pues aun persiste la impotencia en la población, del por qué la policía el día de la desaparición no la buscó y más aún pidió, increíblemente, evidencias.
“Queremos que se haga justicia, la policía protege a los delincuentes, a los asesinos”, decía un familiar incómodo, pues mientras se informaba de la suspensión de la diligencia, aparentemente les filmaban desde la vivienda del “colectivero”.
La reconstrucción de los hechos es una diligencia que se llevará a cabo para esclarecer la presencia de sangre en una habitación, en una herramienta como es una comba y con la cual habría sido victimada la niña, además de más sangre en prendas de vestir que utilizó Arriaga Huamán el día que llevó en su minivan a la pequeña.
La población de Anta no sale de la indignación y convoca a una movilización para expresar su rechazo a la violencia y exigir justicia, medida que lo acatarán este viernes 17 de abril desde las 5 y 30 de la tarde. Recomiendan asistir con polo blanco, pañoleta morada y una vela.

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