Cusco
Miles de mineros ingresan cada día a minas de socavón sin seguridad ni control
• La mayoría de los mineros, jóvenes o adultos, que trabajan en minas informales e ilegales no tienen contrato ni seguridad, cumplen jornadas de hasta 17 horas y están en alto riesgo de morir en accidentes.
Mario tiene 22 años. Trabaja en una mina de socavón en el límite entre Arequipa y Ayacucho. Lleva tres años allí. Sus padres, campesinos de Ayacucho, no pueden pagarle estudios en un instituto o una universidad. Hace medio año, mientras sacaba mineral, una piedra grande le cayó y casi le fractura el omóplato. Se salvó por reflejo. Si no, la roca le habría golpeado la cabeza y habría muerto, como ese otro joven, casi de su edad, que era minero en un socavón de Choccoyo, en Cusco. El dueño de la mina solo le dijo que vaya a su pueblo y regrese cuando estuviera sano. No le dio dinero para su traslado, menos para su tratamiento médico.Este tipo de accidentes ocurre con frecuencia en minas ilegales. El 15 de marzo pasado, dos mineros murieron aplastados por el derrumbe de una roca de seis metros dentro de un socavón ilegal en Huánuco. Roger Castro, director de Energía y Minas del gobierno regional, informó que la labor no contaba con permisos ni instrumentos ambientales.A fines de abril último, en Cajamarca, tres personas resultaron gravemente heridas tras una explosión de gases ocurrida mientras trabajaban al interior de un socavón ilegal. La detonación, según se dijo, se habría producido por la acumulación y manipulación inadecuada de gases inflamables en el interior de la mina.Un socavón ilegal casi siempre carece de soporte para evitar accidentes. Adentro se usan explosivos, la ventilación es deficiente y ninguna autoridad supervisa las condiciones laborales. Muchos trabajan en la semioscuridad, entre 12 y 17 horas diarias, cinco o siete días a la semana, en ambientes húmedos y fríos o secos y calientes.No solo la seguridad es precaria. Un trabajador de este tipo de minas no tiene contrato laboral, ni seguro social, ni compensación por tiempo de servicios (CTS), ni vacaciones.Esa situación se repite en gran parte del país. Según la Defensoría del Pueblo, en los últimos años se ha registrado actividad minera informal e ilegal en 21 de las 25 regiones. Opera en yacimientos aluviales, como en Madre de Dios, parte de Puno y Loreto, y también en vetas en zonas andinas y costeras.Teodoro Sanz describió la diversidad de labores y los riesgos en Madre de Dios para macheteros, carreteros, buzos, maraqueros, traqueros, carancheros, operadores de camiones y cocineros. Esa información está en el estudio “Caracterización de las condiciones de trabajo forzoso en la minería de oro en Madre de Dios” del Ministerio de Trabajo.En esa región, las condiciones son duras. La jornada laboral promedia 67 horas semanales, es decir, unas 12,5 horas al día. Un tercio (31 %) trabaja los siete días de la semana. Doce de cada cien (12 %) llega a laborar jornadas de 24 horas y ocho de cada cien supera las 84 horas semanales.Teodoro Sanz habló con los trabajadores de lavaderos en Madre de Dios y el 83 % le dijo que estaba expuesto a quemaduras por el sol, a picaduras de animales, al mercurio y a otros químicos, a cortes y, en menor medida, a explosiones o derrumbes. Casi dos tercios (62 %) dijo que no recibía botas, cascos, guantes o mascarillas. Tal vez por eso el 57 % enfermó o sufrió un accidente, y no recibió atención médica. En esos campamentos mineros usan pozos ciegos, ríos, acequias o el monte como servicios higiénicos. Solo tienen luz eléctrica por horas gracias a generadores y consumen agua sin tratamiento de ríos, acequias o manantiales. Ese es el lado poco amable y conocido de lo que pasa en minas ilegales e informales.