Cusco
IVÁN PÉREZ RUIBAL, 35 AÑOS DESPUÉS.
Por. Alberto García Campana
A las tres de la tarde del viernes 12 de julio de 1991, tres disparos de arma de fuego acabaron con la vida de Vladimiro Iván Pérez Ruibal Rodríguez, entonces regidor de la Municipalidad Provincial del Cusco, docente de la Facultad de Economía de la Universidad San Antonio Abad, líder del Partido Comunista y dirigente de la Federación Departamental de Trabajadores del Cusco.
Iván Pérez Ruibal recién había cumplido 33 años de vida cuando un presunto comando de aniquilamiento de Sendero Luminoso ingresó a la Ciudad Universitaria de Perayoq, para acabar con la vida de quien fue, en el ejercicio de su labor municipal, quizás el más cercano al entonces alcalde Daniel Estrada, y uno de los líderes que se proyectaba con mayor nitidez para reemplazar al qosqoruna luego que éste fuera elegido congresista de la República.
La conmemoración del trágico final de Iván Pérez Ruibal, sirve al mismo tiempo para poner en evidencia que los integrantes de Sendero Luminoso también atacaron, de manera permanente y cruel, a los dirigentes de la izquierda, a quienes consideraban como traidores de una línea política que sin embargo nada tenía de socialista ni de revolucionaria, sino, claramente, de un proyecto militarista que provocó la muerte de más de 70 mil peruanos entre 1980 y el año dos mil.
Es bueno recordar el sacrificio de Iván Pérez Ruibal, para encarar con firmeza a aquellos que pretenden descalificar a quienes abrazan posiciones de izquierda, calificándolos de terrucos, de aliados de Sendero, de promotores de la violencia, de desestabilizadores del sistema. Quienes recurren al perverso terruqueo contra aquellos a los que antes llamaban caviares, olvidan que también la izquierda sufrió el brutal ataque del terrorismo, que fue por culpa de Sendero Luminoso que se persiguió a dirigentes sociales, y finalmente que fue Sendero Luminoso el que destruyó a la opción política de izquierda, porque fueron los subversivos los que provocaron que la gente confunda el símbolo de la alianza obrero campesina, que era la hoz y el martillo, con el sanguinario emblema de los terroristas.
Antes de que apareciera Sendero Luminoso con su prédica de sangre y fuego, los partidos de izquierda legal podían salir en marchas proselitistas llevando en alto las banderas rojas. Hoy, quien se atreva a ponerse siquiera un polo con el rostro del Che Guevara es acusado de terrorista, investigado y castigado bajo las leyes de apología del terrorismo.
La virtual desaparición de la izquierda en el Perú, es responsabilidad de Sendero Luminoso. Y eso es algo que no se debe olvidar.
Nadie, en estos momentos, se atreve a bautizar a su partido con el nombre de izquierda, socialista o progresista. Los propios militantes de esa vieja guardia socialista se cobijan bajo denominaciones oportunistas por miedo seguramente a las represalias y por temor al castigo del electorado en las urnas.
Si alguien, aunque sea en voz baja, se proclama progresista o de izquierda, es blanco de los ataques de los defensores del libre mercado abusivo e injusto, que lanzan impunemente adjetivos como terrucos, subversivos, dinamiteros y otros por el estilo.
Hace 35 años, un día como hoy, 12 de julio, el joven político Iván Pérez Ruibal fue asesinado de tres balazos en la ciudad universitaria de Perayoq. El mejor homenaje a su memoria, sería rescatar la limpieza de su trabajo y sobre todo, la fe puesta en que es posible alcanzar la justicia social y conseguir que los pobres también seamos considerados como peruanos con derecho al pan y a la felicidad. FIN.