Cusco
Cusco: el turismo de aventura se practica sin controles ni medidas de seguridad en algunas zonas
• Una agencia formal opera en un cerro no autorizado y ocasiona la muerte de un parapentista. A esa irresponsabilidad se suma la informalidad en el sector que atraviesa el 80 % del sector turístico en Cusco.Literalmente el viento se llevó a Héctor Pumahuanca Apaza. Tenía 36 años, era de Paucartambo y volaba en parapente por segunda vez. El 22 de julio, en el cerro Sacllacasa, distrito de Huarocondo, provincia de Anta, un «viento huracanado» lo envolvió, lo arrojó contra el suelo y lo mató. Practicaba y volaba desde un lugar que nunca debió ser usado para ese deporte de aventura. La Gerencia Regional de Comercio Exterior y Turismo (Gercetur) llegó después del accidente. Constató que el terreno no tenía autorización para parapente. La agencia que operaba allí, según declaró Rosendo Baca, es formal y tiene permisos solo para operar en Urubamba y Maras, pero no para Anta. Esa diferencia le costó la vida a Pumahuanca. «La actividad no ha sido evaluada ni autorizada por la autoridad competente», dijo Baca, «condición indispensable para garantizar parámetros de seguridad.»El problema no es nuevo. En noviembre de 2025, el gobierno regional prohibió el «downhill», una modalidad de descenso en bicicleta a alta velocidad, porque no estaba autorizada. Y mucho antes, la Gercetur había suspendido a dos agencias de canotaje por operar sin autorización en rutas restringidas y poner en riesgo la vida de los turistas. En 2025, la gerencia levantó más de 1,200 actas en operativos a hoteles, agencias y guías. Indecopi, por su parte, calcula que el 80 % de los agentes turísticos en Cusco son informales.El caso de Pumahuanca no es un incidente aislado. Es la demostración de un sistema que permite que una agencia con papeles opere en un cerro sin evaluación, que los controles lleguen después del accidente y que las autoridades prometan fiscalización con demora. La Gercetur inició un proceso administrativo sancionador y derivó el caso a la fiscalía de Anta. También anunció una evaluación técnica del cerro Sacllacasa para ver si reúne condiciones. Hasta que termine, ninguna agencia podrá operar allí. Mientras tanto, los únicos lugares autorizados para parapente en Cusco son cinco: Jatun Tayta en Chinchero, Sacro en Maras, el mirador de Racchi, Apu Marka y Antenas de Ancahuasi, ambos en Anta. Sacllacasa no está en la lista.Pero la informalidad no es un accidente. Las autoridades locales y regionales saben que los operadores informales mueven a miles de turistas, que la fiscalización es débil y que las sanciones llegan tarde. El general PNP Virgilio Velásquez exigió «mayor rigurosidad a las autoridades para la prestación de esta actividad». Pero esa rigurosidad no aparece si nadie la exige con consecuencias. La Gercetur exhortó a las municipalidades de Anta y Huarocondo, junto a la Policía, a reforzar los controles. Pero esa demanda es insuficiente para evitar los accidentes y las muertes.Héctor Pumahuanca no era un turista extranjero. No hay investigaciones por desaparición ni reclamos diplomáticos. Eso podría explicar por qué su muerte no conmueve tanto como otras. Pero el patrón es el mismo que en los accidentes, en los descensos ilegales y en las agencias que ofrecen canotaje sin permiso. Cusco recibe millones de turistas al año, y la maquinaria que los atiende está atravesada por la informalidad. Las autoridades saben dónde están los riesgos, cuáles son los lugares sin evaluación y qué agencias operan al margen. Pero la fiscalización no es prioridad.
Redacción La Última