Cusco
Cenepred identifica 95 distritos en Cusco en riesgo alto o muy alto por sequías
Con efectos potenciales en la producción de alimentos.
La falta de lluvias a causa del fenómeno El Niño favorece los incendios forestales y amenaza la agricultura y la ganadería. El impacto también puede llegar a las ciudades con una menor oferta de alimentos y posibles alzas de precios.
Edwin Mansilla Ucañani, especialista en gestión del riesgo de desastres y coordinador del Comité Técnico Regional de Incendios Forestales, advirtió en el podcast Las Barbas en Remojo que la sequía podría extenderse hasta febrero. Aunque existe la posibilidad de lluvias en noviembre, pidió prepararse para condiciones más difíciles. “Vamos a seguir enfrentando condiciones incluso hasta más complicadas”, señaló.
Cusco registra 372 incendios forestales y unas 13.000 hectáreas afectadas en lo que va del año, según el balance del especialista. Ocho personas fallecieron, el doble que en cada uno de los años 2024 y 2025. El año más letal de la serie regional que menciona Mansilla fue 2020, con 11 víctimas mortales.
Sin embargo, este no es el año con mayor superficie quemada. En 2022, los incendios afectaron unas 62.000 hectáreas y en 2024 se registraron 546 incendios, con alrededor de 24.000 hectáreas dañadas.
Mansilla atribuye la mayoría de los incendios al uso irresponsable del fuego y advierte sobre los riesgos que representan la basura mal dispuesta, las botellas de vidrio y las colillas de cigarrillos. El campo, explica, está cada vez más seco y puede inflamarse con mayor facilidad.
Cenepred identifica 95 distritos en riesgo
Los escenarios del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) identifican 82 distritos de Cusco en riesgo alto y 13 en riesgo muy alto por sequías asociadas al fenómeno El Niño.
En los 13 distritos de riesgo muy alto viven 88.497 personas y existen 27.101 viviendas. El escenario comprende 42.621 hectáreas agrícolas y 539.402 hectáreas de pastos.
En los 82 distritos de riesgo alto viven 902.520 personas y hay 240.416 viviendas. En estas zonas se identifican 221.126 hectáreas agrícolas y 1.058.902 hectáreas de pastos. Estas cifras describen escenarios de riesgo, no pérdidas consumadas. Sin embargo, muestran la magnitud de la población y de las actividades productivas expuestas a la falta de lluvias.
La sequía golpea los cultivos y reduce los pastos que alimentan al ganado. Las zonas altoandinas son especialmente vulnerables porque su vegetación se seca con rapidez. Los productores que dependen de las lluvias afrontan mayores riesgos, mientras que quienes cuentan con riego dependen de la disponibilidad de agua.
“La disponibilidad de alimentos en nuestra región va a ser crítica”, advirtió Mansilla. La pérdida de cultivos y animales reducirá los ingresos de las familias rurales y podría disminuir la cantidad de productos que llega a los mercados.
El impacto puede extenderse hasta el próximo año. Si la producción regional cae, las ciudades podrían recibir menos alimentos y enfrentar presiones sobre los precios. La magnitud dependerá de las pérdidas efectivas y de la capacidad de abastecimiento de otras regiones.